Mi labor docente de los últimos años

Otra vez trasladarme a un lugar lejano, desconocido. Una escuela ubicada en el límite entre la Capital y el conurbano bonaerense, una localidad: Villa Lugano, un barrio: Villa 15 conocida como Ciudad Oculta, para mí, en ese entonces, el fin del mundo.

Paulatinamente me fui adentrando en el quehacer de esa comunidad tan diversa, con tantos vericuetos, me reencontré con los rostros curtidos de mis hermanos bolivianos, sus voces tratando de hacerse entender a través de una lengua y un ritmo que yo conocía a la perfección. Entonces fui dibujando, una vez más, un lugar en el mundo, como tantos que uno puede construir en los lugares donde deja semilla.

Conocí a Pedro y Milagros, papá y mamá de un alumno de la escuela. Ambos transportaban diariamente el carro hacia los camiones que esperaban a un costado de un edificio semi abandonado. Al comienzo de las clases se mostraban reticentes, miraban con desconfianza, no querían dejar a Ramiro en el jardín. Finalmente Pedro se escolarizó junto a su hijo de tanto venir a la escuela, participar en los eventos que se organizaban, colaborar con las docentes, compartir actividades, generar propuestas junto a la maestra y a fin de año, vestido con sus mejores ropas estuvo junto a Ramiro recibiendo el diploma de egresado.

Conocí el entusiasmo y la dedicación de las mujeres albañiles con sus cascos amarillos y mamelucos chorreados de pintura, que trabajan en el plan de viviendas de las Madres de Plaza de Mayo, un ejemplo que me cambió la vida viéndolo tan de cerca. Tuve el honor de conocer a Juan, el director de la radio La Milagrosa, compartir su entusiasmo en proyectos comunitarios. Conté con el privilegio de abrazar a María, esa morocha que entraba y salía arrastrando sus ojotas; ella me contó que desde niña se la pasó rondando las villas, durmiendo a la intemperie hasta que alguien le dio un techo en “la oculta” y aquí se quedó hasta ahora, orgullosa de formar parte de nuestro grupo de teatro, feliz de poder mostrarle a su hijo lo que hace.

Cómo no sentirme Argentina, Latinoamericana. Sin duda una labor dificultosa en los inicios, un proceso de confianza mutua y acción conjunta que se va construyendo con el quehacer diario, paciente, meticuloso, esto es, tejer y diseñar la trama social de la cual  formamos parte.

Un antes y un después de esta experiencia. Un lugar en el mundo por el que trabajar, pensando en el “nosotros” hacia la construcción de la Patria Grande.

 

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD