La danza, un camino de búsquedas y encuentros.

Esta experiencia que se inicia cuando apenas tenía 4 años de edad no tiene que ver con tomar clases de danza, solamente. Eso es convencional, casi diría en este caso, intrascendente.

Mi paso por la danza junto a María constituye la posibilidad siempre abierta de explorar y descubrir las vetas de lo real y lo imaginario, ir más allá de la palabra, del silencio, de los sonidos. Trascender cada uno de estos elementos es poder expresar las palabras deseadas, los silencios contenidos, danzar la vida, el mundo, el universo todo.

La danza como forma de expresión y comunicación, como camino de búsqueda, consolida en mí una manera de abordar la realidad, de aprehender el mundo como quien va descubriendo puertas, abriendo ventanas, armando los propios recorridos.

Es poco probable que me quede a  la vera del camino. Tiendo a seguir, aún a pesar de las ondulaciones, las piedras, los precipicios. Las equivocaciones no son tales, son aprendizajes.

Y ese parece ser mi destino inevitable.

 

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